lunes, 24 de septiembre de 2007

Gerenciando nuestras propias vidas

Recientemente hablaba con una amiga sobre la película “El Secreto”, que recomiendo ver a todo el mundo y que cada quien saque sus propias conclusiones. Ella me daba sus impresiones positivas sobre el tema, me dijo que leyó el texto y no había visto aún el documental, pero me hizo una pregunta comprometedora, la cual voy a intentar responder sobre la base de mi escasa experiencia.

Me preguntó cómo hacer para lograr que ese sueño, eso que se visualiza, se cumpla, se haga realidad. Una pregunta muy difícil de contestar, jjajajajjajajaaj.

Creo que la duda de mi amiga se relaciona con el cómo se puede visualizar, atraer y agradecer algo que no se sabe qué es. Por su puesto, ese “qué” debe ser definido anteriormente para luego poder establecer hacia “donde” voy.

El jueves 20 de septiembre, hubo una frase constante, muy utilizada en el mundo empresarial, y que retumbó en mis oídos durante las clases de las tres materias del postgrado, en la Especialización en Gerencia Pública de la UNEFA: “Planificación Estratégica”, ahora me doy cuenta porque sentía que era una clave para escribir esta reflexión. Y el fin de semana volví a conseguir esta misma idea en el libro que logré recuperar “El poder la comunicación estratégica” de Italo Pizzolante, con quien tuvimos la valiosa oportunidad de estudiar en uno de sus cursos, organizado por la Alianza Social de Venamcham.

Me refiero a que debemos tratar de manejar la propia vida como si fuese un proyecto: “Conjunto de acciones organizadas para cambiar una realidad, actuando planificadamente”, definición según mis apuntes de la materia “Proyectos Sociales y Ética”. Y actuar cumpliendo con todos los niveles operacionales de la planificación gerencial: “Objetivos y Metas, Políticas, Normas, Procedimientos, Programas, Planes, Estrategias y Presupuesto”, según mis apuntes de la materia “Formación Gerencial”, jjajajjajjajajjajja.

Para ilustrar la respuesta voy a dar un ejemplo práctico, que quienes me conocen han escuchado en otros momentos. La persona que me introdujo en el arte de la planificación y la gerencia fue mi papá, quien me regaló mi primera agenda, fucsia, me explicó para qué servía y me obligó, muy amablemente, a leer su colección de la revista “Producto”, a principios de los noventa. Hoy digiero con mayor facilidad que llevar anotada la rutina diaria es una forma básica de planificación estratégica.

Pero ese día a día debe estar en consonancia con un plan macro, que debe estar concebido previamente y lógicamente. Popularmente lo llaman de varias maneras, pero en esencia es lo mismo: Objetivos de vida, Sueños, Qué quiero, Deseos del Espíritu de Navidad, Propósitos de año nuevo, Deseos de cumpleaños, etc. Recientemente adopté el nombre de un artículo sobre el tema aparecido en Ultimas Noticias en el 2006, y que obsequié a algunos allegados convertido en tarjeta de Navidad, se llama: Las Claves del Éxito.

En esa agenda además de lo anterior, los objetivos y metas, y los procedimientos o acciones diarias para cumplir con los primeros, también registro mis normas, políticas, programas, planes, estrategias y presupuestos, es decir: descripción de cómo quiero tal cosa o qué no quiero: creencias que debo cambiar, ideas, afirmaciones, coincidencias, proyectos, listas de cosas pendientes, imágenes, sueños, contactos importantes, presupuesto familiar, etc. La escritura es la herramienta comunicacional que me ha funcionado, pero también existen otras: las imágenes visuales o Mapas Mentales.

Pero supongamos que todavía no hemos alcanzado la culminación exitosa de algún objetivo… Me vienen cuatro ideas distintas pero que siento que se complementan o relacionan, dos de las cuales fueron discutidas esta semana en la materia Gerencia Estratégica en el Sector Social.

La primera: la incertidumbre del entorno, las adversidades del contexto donde me encuentro actualmente, tal vez no es el momento ni el lugar ni la gente para lograrlo. Segunda: cuáles han sido las oportunidades que se me han presentado, las he aprovechado o las he rechazado, y porqué.

La tercera, y éste es un tema que vengo estudiando con especial énfasis desde hace dos años: la autoestima, acrecentar la confianza en mí misma, creer en lo que quiero y en lo que estoy haciendo, aceptarme con las limitaciones que tengo, reconocer qué soy y cuáles son mis talentos, en otras palabras: amarme. Sino hay autoestima es difícil lograr cualquier cosa.

Y la cuarta y última idea. La disciplina. Gracias a Dios he tenido la oportunidad de estudiar disciplinas de fuertes exigencias físico-mentales, como el ballet clásico o la danza contemporánea, que me han llevado a entender en qué consiste la tan nombrada “fuerza de voluntad” y tratar de llevarla a otros ámbitos de mi vida. Una doña muy sabia me enseñó una frase buenísima que la aplico cuando tengo fastidio o flojera: “Hay que hacer lo que se tiene que hacer y ya”.

Me atrevo a afirmar que en cualquier instante nuestro peor enemigo puede ser la propia mente, que nos coloca trampas y confabula en contra del plan, creándonos dudas y temores, dispersándonos de nuestros sueños, de lo que somos. Es cuando debemos fortalecer la constancia, la perseverancia, la paciencia, la fe en Dios y en nosotros mismos. Y es por ello que se hace tan necesaria la automotivación, con la generación constante de pensamientos y sentimientos positivos.

Este proyecto que se llama vida es un trabajo constante de autorrevisión y de autoconocimiento, de chequear lo viejo y de poner el visto bueno a lo que hemos logrado, de sentirse feliz y celebrarlo, desechar lo que no nos conviene o funciona, pasar la página, seguir adelante y plantearse nuevos objetivos.

Amiga mía, espero haberte respondido.
Publicar un comentario