sábado, 26 de julio de 2008

A los 35


Siempre he escuchado decir que la edad es una condición mental, y que las personas son viejas o jóvenes de acuerdo a su espíritu y no a la edad cronológica que tengan.

Cuando comienzo a escribir esto es 24 de julio, fecha del nacimiento del Libertador Simón Bolívar, y me encuentro a la espera de que llegue el 26 de julio, día de mi cumpleaños. Antes reflexionaba sobre la edad, vía chat, con mi querida amiga Lirolaiza, quien vive en Margarita, y también acaba de cumplir años.

Siento que toda la vida he estado esperando este momento. Estoy a la mitad de todo. No me siento vieja pero tampoco joven. He recorrido algo de la vida pero aún me falta mucho todavía.


Porque las ganas de vivir no me faltan, todo lo contrario, tengo que jode, tantas pero tantas, que voy a montar un negocio novedosísimo que consistirá en venderle a la gente desmotivada las ganas de vivir, jajjajajjajajjaja.


Tengo como una semana celebrando mi pre cumpleaños, y por exceso de felicidad terminé de nuevo en la emergencia de la clínica, hospitalizada durante ocho horas con una gastroenteritis, pero ya estoy bien.

Haciendo una introspección rápida sobre estos 35 años, podría asegurar que he hecho casi todo lo que he querido. Aunque también he tenido épocas críticas, pero siempre he conseguido superar las dificultades.


Este último año ha sido uno de los más especiales, porque he visto materializarse varios logros importantes. Y como siempre, le doy gracias a Dios por ello.

El otro día una pana, con quien tenía años sin comunicarme y me la conseguí en el Facebook, Ana Lucía que cumple también el 26 de julio, cuando le conté todas las cosas en las que andaba, me dijo algo así como: “Eliana eres la mujer maravilla”, jajjajajjajja.

Pensándolo bien no sé si sentirme piropeada o debo asustarme, pues he leído sobre una patología psiquiátrica que se llama “Síndrome de la Mujer Maravilla”, búsquenla por Internet si quieren más información.


Pero así somos todas las mujeres venezolanas. Somos unas guerreras amazonas que trabajamos en la calle, criamos los chamos, cuidamos los hogares, estudiamos, etc, etc, etc, y todavía sacamos tiempo para cuidar nuestra autoestima. Y hay quienes cumplen con el rol de esposas.

A los 35 es como me siento, una guerrera venezolana llena de energía pa´seguir soñando, luchando y disfrutando de la vida.


Echando la película pa´tras podría afirmar que no me arrepiento de absolutamente de nada de lo que hecho.


Y si, claro que he cambiado. Sería absurdo seguir pensando como si tuviera 25 y mucho menos verme así. Aceptar la edad que tengo es algo que me costó lágrimas, recuerdo cuando lloré en un cumpleaños porque estaba envejeciendo, jajajjajajjajajja.


Hoy me rio de alegría por estos 35, porque mi visión de la vida es otra y mis expectativas ante mi futuro son impresionantemente optimistas.

A los 35 me confieso más tranquila, tal vez hasta más ecuánime, por lo menos siento que las estupideces de la gente me arrechan un poquito menos que antes.

He aprendido también a darle el justo valor a las personas, a quienes me quieren y a quienes no. Porque como reza el dicho: “Yo no soy monedita de oro…” y punto.

Definitivamente he roto muchos paradigmas que alguna vez fueron obstáculos para mi evolución.
Aunque siempre he estado, hoy diría que estoy más en contacto con Dios, aunque no vaya a misa, no me confieso con los curas, pero si voy a la Iglesia.
Por fin creo que entendí en qué consiste ese cuento de “perdonar de corazón”. Una de las políticas que he adoptado, y creo que lo he dicho otras veces, es amar a todo el mundo. Y amar implica perdonar y aceptar, pasar la página, y lograr algún día morirse de la risa con lo que alguna vez fue una ofensa o una traición.

He entendido también que el aprendizaje es continuo, y que hasta las circunstancias más adversas pueden convertirse en oportunidades de vida, siempre que se tenga la capacidad de cambiar de posición.
Me encanta que ahora puedo hablar de “hace diez años” o “hace 20 años” o “hace 30 años”…

De ser capaz de ir sola a un concierto de piano, y sentirme acompañada de Dios y de mí misma.

Y también que tengo mucho que contarle a mi Nova (la princesa sonriente de la foto)… a ella le sorprende que su madre le lleve exactamente 30 años. “Es mucho mamá”.

Recuerdo que cuando nació ella, en el Hospital Clínico Universitario, las mujeres con quienes compartía la habitación me preguntaban sorprendidas porqué había parido tan vieja, jajajjajajajaja. Yo tenía 30 y Nova era mi primera hija. Casi todas ellas eran veintiañeras y ya tenían como 5 hijos. Me contaban como habían celebrado sus 15 años, y al año siguiente, a los 16 ya estaban pariendo. Entonces esas historias me hicieron reconocer lo privilegiada que he sido, por haber nacido en un contexto cultural que me brindó la posibilidad de educarme al punto de tomar la decisión de tener mi primera hija a los 30, y no los a 16, después de haber logrado tantas cosas.

Han pasado cinco años de eso, y hoy celebro con mucho entusiasmo y con alegría la llegada de mis 35, por lo que me declaro una mujer feliz.
Ah! Así como me ven en la foto pasé mi cumpleaños, asistiendo al II Seminario de Diseño de la Información, organizado por la Cadena Capriles, que estuvo espectacular, se lo recomiendo a todo el mundo para el próximo año, por FONTUR fuimos varios profesionales de distintas áreas. Y de esta experiencia recordé algo que ya sabía, pero que me sirve para cerrar este post:

A los 35 soy una cuenta cuentos, jajjajajjajajja.
¡Salud!





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