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jueves, 11 de abril de 2013

Este pueblo está Maduro





Por: Eliana Quintero

Tomado de Aporrea.org



A mí nadie me lo contó, yo estoy aquí, viviéndolo, viéndolo, sintiéndolo, escuchándolo y hasta oliéndolo. Este pueblo está Maduro.

Aquí estoy en la Av. Bolívar de Caracas, y he caminado por las otras avenidas, por la Lecuna, por las Fuerzas Armadas, por la Universidad y es la misma cosa, la misma marea de gente, el mismo mar de pueblo, la misma marea roja.

Se escuchan las consignas: “Con Chávez y Maduro el pueblo está seguro”, “Chávez te lo juro, mi voto es pa´ Maduro”, “Alerta, alerta, alerta que camina, la espada de Bolívar por América Latina”.

Jóvenes, viejos, niños desbordan de alegría y amor las calles de Caracas… A mí nadie me lo contó, lo estoy viviendo, lo estoy sintiendo. 

Este pueblo cambió, ya no somos aquéllos que creíamos en campañas electorales vacías… Aquí hay un proyecto, se llama Plan Patria, el legado del Comandante Supremo Hugo Chávez Frías.

Se ven los bigotes en los rostros de la gente, en las muchachas, en los muchachos. El bigote de Maduro en la cara del pueblo es el símbolo de la madurez, de la adultez de un pueblo que creció, un pueblo que despertó.


En estas calles de Caracas, de hoy 11 de abril de 2013, a once años del golpe de estado de la ultraderecha fascista, este pueblo está Maduro, le vuelve a decir al mundo que todo “once tiene su trece”, y en esta oportunidad, tiene un catorce.


El próximo domingo 14 de abril el pueblo Maduro venezolano le dirá al mundo que aquí si hay democracia, que aquí quien manda es el pueblo, que aquí queremos Paz, y como dijo un taxista cantante de salsa en una de las tarimas: “Aquí más nunca volverán a mandar los sifrinos”.

¡Viva Chávez, viva Maduro, viva la patria libre y soberana!

Foto: Agencia Venezolana de Noticias


eliana.quintero@gmail.com


Feedback:

Estoy completamente de acuerdo contigo!
Martha Ballesteros

M encanto!!!! Ve esta otra carta: http://t.co/l8H8YpmdBa
JR


esto si está buena eliana gracias por compartirlo
AMH


Eliana,. gracias. Sorpresa no da la vida, Ok.
JM

Viva Latinoamerica, viva Venezuela, viva mi bella amiga Eliana, periodista, artista y sobre todo gran revolucionaria y fiel a sus ideas..! 
Madelyn P

jueves, 21 de marzo de 2013

Feliz Día Mundial de la Poesía





Esto si es poesía... muchas felicidades a la gente de Vive TV y  al Sistema Bolivariano de Información y Comunicación (SIBCI) por esta espléndida producción animada, denominada "Hasta siempre Comandante"...

Un homenaje hermoso de verdad!!!!

Feliz Día Mundial de la Poesía.

¡Chávez vive, la lucha sigue!
¡Con Chávez y Maduro el pueblo está seguro!

Agarren ese trompo en la uña


Fuente: Ciudad CCS. http://www.ciudadccs.info/wp-content/uploads/WEBMEGAINFO-CHAVEZ.png

Esta maravillosa infografía del diario Ciudad Caracas habla de lo que es la Revolución Socialista Bolivariana y Chavista.

Como decimos en Venezuela para referirnos a algo que nos sorprende: "Agarren ese trompo en la uña".

¡Chávez vive, la lucha sigue! ¡Con Chávez y Maduro el pueblo está seguro!

miércoles, 13 de marzo de 2013

A una semana de su partida, Chávez vive, la lucha sigue

Estimados amigos todos, comparto con ustedes algo que me envió mi papá calificado por él como "Excelente Artículo".... Si eres opositor, no importa... te invito a leer una de las reflexiones más objetivas, complejas y tal vez, más sinceras que he leído hasta ahora, tras la muerte del Comandante Presidente. Se trata del texto de William Ospina, escritor, ensayista y columnista de El Espectador. Los invito a leerlo y construir su propia conclusión. "Chávez: una revolución democrática". 

El significado de la muerte del caudillo 

Chávez: una revolución democrática

Estemos de acuerdo o no con el socialismo del siglo XXI, el fallecido presidente de Venezuela se hizo un lugar en la historia política del continente.

Por: William Ospina

La diferencia más visible que puede señalarse entre Hugo Chávez y su admirado Simón Bolívar es esta: que Chávez no tuvo que hacer la guerra para triunfar.

 Eso es también lo que diferencia a Chávez de Fidel Castro y del Che Guevara: detrás de esas leyendas hay una historia de guerras y de sangre, y Chávez pudo por suerte asumir el desafío de emprender la transformación de la sociedad, como lo reclamaban hasta los poderosos de todo el continente, recurriendo sólo a los instrumentos de la democracia.

Su única derrota, la del golpe militar que intentó en 1992 contra Carlos Andrés Pérez, se convirtió al final en otra victoria, porque lo salvó de haber llegado al poder, en su impaciencia, por la vía traumática de una ruptura violenta de la institucionalidad. Cuánto no habrá agradecido después que su acceso al poder no hubiera estado manchado por la violencia, sino que hubiera tenido la legitimidad de una elección indiscutible. Aunque sus compañeros habían logrado su objetivo en las provincias, cuando vio que no había podido tomarse el poder central, él mismo dio la orden a todos sus amigos de rendir las armas y les dijo que asumiría toda la responsabilidad del levantamiento.
Fue entonces cuando dejó flotando sobre la sociedad ese “por ahora”, que parecía una confesión de derrota, pero que pronto se convirtió en una promesa. El pueblo venezolano lo eligió una y otra vez, para desesperación de sus opositores, que nunca entendieron que la única manera de enfrentarse a un líder histórico de la importancia de Hugo Chávez, pasaba por hacer un reconocimiento a la verdad y a la justicia de su causa.
Un país riquísimo, cuya riqueza principal pertenece al Estado, es decir, a la comunidad, había visto con asombro cómo unas élites petroleras arrogantes e insensibles se paseaban por el mundo como jeques saudíes mientras el pueblo venezolano se hundía en la pobreza y en el desamparo. Nadie puede negar que esas élites fueron las que educaron al país en la lógica precaria de los subsidios y las que nunca hicieron esfuerzos serios por “sembrar el petróleo”, por convertir la riqueza petrolera en una economía diversa que estimulara el trabajo social y la iniciativa de la comunidad. Después le reclamarían a Chávez no haber hecho plenamente en diez años esa siembra y esa diversificación que ellos no intentaron en 50.
Durante décadas y décadas la pobreza creció en Venezuela, y a diferencia de Bogotá o de Buenos Aires, donde es posible mantener la dilatada pobreza oculta a los ojos de los visitantes, Caracas vio surgir en sus cerros las barriadas de los desposeídos, las rancherías que contrastaban con la innegable opulencia petrolera.
Ya en 1989, la pobreza de las muchedumbres se había convertido en desesperación y Chávez cosechó lo que los poderes venezolanos habían sembrado: la indignación del pueblo, la inconformidad, el ahogado espíritu de rebelión al que él le supo dar finalmente su lenguaje y su rumbo.
Ahora se quejan de la supuesta falta de modales de este líder seductor e impulsivo, un hombre de origen humilde que no simulaba aristocracia, que decía lo que sentía como le gusta al pueblo que se diga: con un lenguaje llano y directo, desafiante y a veces peligrosamente sincero. Yo dudo que haya habido en Latinoamérica un político más surgido de la entraña del pueblo, más parecido a las hondas sabidurías, las malicias, las travesuras y las valentías del alma popular.
Una de las muchas cosas que demostró es que se podía hablar de los grandes asuntos de la economía y de la política en un lenguaje sencillo. Se ha vuelto costumbre entre nosotros que los jóvenes egresados de Harvard y de Oxford que manejan los asuntos públicos utilicen para hablar de economía una jerga de iniciados que hace sentir a todos los demás incapaces de acceder a los arcanos de esa ciencia imposible. Es un evidente mecanismo de exclusión, algo para alejar a los profanos; por eso, de las manos de esos ministros eruditos brotan a menudo los colapsos financieros, los “corralitos” que hunden a países enteros en la ruina, y la tolerancia de robos descarados como los de DMG en Colombia, que estafaron a cientos de miles de personas sin que ningún perfumado experto viniera a explicarle al pueblo y a las clases medias que estaban cayendo, con el beneplácito del poder, en las redes de unos asaltantes cínicos.
La economía, de la que depende el bienestar de millones y millones de personas, no puede ser una ciencia abstrusa e inextricable, y esa farsa descarada es apenas un mecanismo para mantener a los pueblos lejos de la posibilidad de entender los procesos y de juzgar los resultados.
Con unas cuantas alianzas internacionales, y una reducción de la oferta, Chávez logró que los precios del petróleo alcanzaran cifras asombrosas y tuvo de repente en sus manos unos recursos incalculables para echar a andar su proyecto. El primer reclamo que se hizo a su política fue que hubiera dedicado recursos del petróleo a ayudar a los países vecinos y a conseguir aliados en el mundo. Pero a comienzos de los años 70 un ilustre antecesor de Hugo Chávez, Salvador Allende, intentó también transformar su sociedad sin recurrir a la violencia, confiando en el respeto a las instituciones que proclamaba y exigía el gobierno norteamericano y que juraban con firmeza los ejércitos y los potentados. Cuando vieron que Allende intentaba transformaciones reales, el famoso respeto por la institucionalidad que predicaban el imperio y sus adláteres se fue al piso, y una conspiración criminal acabó con Allende, con sus sueños y con la fe en la democracia de toda una generación. Las guerrillas arreciaron por todas partes, el ejemplo de Pinochet fue seguido por militares de varios países, y una noche de sables y de crímenes, que todavía tiene sentados en los estrados a esos viejos generales genocidas, fue el precio que Latinoamérica pagó por la interrupción del proceso democrático chileno.
De todos los procesos políticos y culturales que necesitaba vivir América Latina, ninguno es más importante que la incorporación de los pueblos a la leyenda nacional. La deformación colonial, prolongada por una tradición de castas señoriales que borró a los pueblos indígenas, sus lenguas, sus memorias y sus mitologías; que después de liberar a los esclavos no se esforzó por construir un proyecto de integración social, de educación, de salud y de incorporación a un relato de los orígenes; y que postró a los pobres en la inermidad y la exclusión, exigía en todas partes una gran reforma que devolviera a los pueblos el protagonismo, liberando su iniciativa histórica.
Esa fue la tarea que parcialmente cumplieron la Reforma de Benito Juárez y la Revolución de Villa y de Zapata en México, los gobiernos de Roca e Irigoyen y el movimiento peronista en Argentina, el movimiento de Eloy Alfaro en Ecuador y la rebelión de los mineros de Bolivia en 1952. También la lograron los primeros tiempos de la Revolución cubana, antes de que el bloqueo norteamericano forzara al Estado a imponer restricciones de guerra. Darle su lugar al pueblo en la historia es algo que sólo se logra con respeto verdadero, con oportunidades, con valores, con cohesión social, y fortaleciendo la dignidad de quienes, si no se les permite ser ciudadanos plenos, tienen que terminar convirtiéndose en parias o en verdugos.
Cuánto habría ganado Colombia si le hubiera permitido llegar al poder hace 65 años a Jorge Eliécer Gaitán. Los 300 mil muertos de la violencia de los años 50, y los 500 mil muertos del resto del siglo, atribuibles por igual a las guerras, la violencia, la pobreza y el desamparo social, la delincuencia, la proliferación de las guerrillas y la industria del secuestro, el crecimiento de las mafias, el desmonte de la estructura institucional, la pérdida de sentido patriótico de las élites empresariales y la creciente corrupción política, el paramilitarismo, la juventud arrojada a las guerras de supervivencia, y la caída de muchos militares en la tentación del crimen y la riqueza fácil, todas esas cosas se habrían conjurado con la incorporación del pueblo a la leyenda nacional, que era el sentido profundo del proyecto gaitanista, con la restauración moral que reclamaba su oratoria enfática y pacífica. De todo eso posiblemente salvará el pacifismo chavista a Venezuela, y hasta los que lo odian se lo agradecerán algún día: de vivir en un país como Colombia, donde las carreteras llegaron a convertirse por momentos en caminos sin retorno, y donde en los meses de enero y febrero de 2013 ya llevamos contados más de mil desaparecidos.
Chávez creyó en la democracia. Entendió que no iba a recurrir a las armas, pero que su proceso no se abriría camino si caía en la ilusión de ser, en tiempos imparables de globalización, una aventura encerrada en las fronteras de su país. Se inspiraba en Bolívar, quien nunca aceptó esa idea estrecha de unos paisitos incomunicados, y siempre predicó el ideal de la solidaridad y la construcción de una patria continental.
Los magnates de cada país saben ejercer su derecho a la universalidad, el derecho absoluto de cruzar las fronteras con sus capitales, pero miran con recelo la solidaridad de los pueblos. Las fronteras están cerradas para todo el que no forme parte del mercado financiero. Chávez conocía suficiente geografía e historia para tener una idea de geopolítica más amplia y audaz que la de los gobiernos sujetos sólo a las órdenes del gran capital. Fortalecer a la América Latina era su única forma legítima y eficaz de fortalecer a Venezuela, y en esa medida no hacía más que aceptar las reglas de juego de la globalización, que tanto nos predican como un deber inexorable mientras no pretendamos beneficiarnos de ellas.
A la sombra de Chávez, que tenía más poder de forcejeo en el escenario internacional, y menos obligación de respetar el protocolo, varios procesos democráticos se abrieron camino en América Latina. Viendo la irreverencia de Chávez, a la vez estudiada y espontánea, resultó menos discutible la lucha de Evo Morales y los indígenas bolivianos, y parecían de seda los gobiernos populares de Lula da Silva y de Rafael Correa, de Néstor y Cristina Kirchner y de Pepe Mujica. Chávez apostaba las cartas mayores, y estaba listo para respaldar a los gobiernos amenazados y a los procesos en peligro.
Coincidió el gobierno de Chávez con el momento de mayor desprestigio del poderío mundial de los Estados Unidos, el momento de mayor caída de su liderazgo democrático y moral en el planeta. Los atentados terroristas de Al Qaeda cambiaron el orden de prioridades del imperio; después de décadas de imposición de políticas imperiales en América Latina, incluida la criminal Escuela de las Américas, que educó en la violación de los derechos humanos a una generación de militares en el continente, los gobiernos norteamericanos abandonaron su interés por la América Latina, se lanzaron en Asia a grandes invasiones militares, a una equivocada lucha contra el terror mediante la estrategia del terror, y se hundieron en la barbarie.
Chávez entendió la importancia de ese momento histórico: América Latina, perdida la tutela del hermano arrogante, podía ingresar de verdad en la era de la globalización y abrirse al mundo. Otras potencias se fortalecían, el dragón chino había despertado, Rusia recuperaba su fuerza. Y si Estados Unidos, Francia, Italia, Inglaterra y España recibían alborozados a Muamar Gadafi y lo dejaban plantar tiendas en sus países, por qué habrían de reprocharle a Chávez que se acercara al gobernante de un país petrolero con quien tenía intereses comunes. Chávez al menos no tuvo la indignidad de abrazar a Gadafi ante las cámaras y bombardearlo cuando se apagaban los reflectores, como lo hicieron los gobiernos de Francia y de Inglaterra. No fue ofendido por él, lo despidió como a un amigo, y no entró a saco en esa Libia en ruinas, como Cameron y Sarkozy, a reclamar el botín del socio abandonado.
Sabía que si a un nuevo Kissinger, o a una envanecida Condoleezza Rice, se le ocurriera aconsejar la invasión de su territorio, la respuesta no sería sólo del pueblo venezolano, sino de Ecuador y Brasil, de Cuba y Nicaragua, de los países antillanos y Bolivia, de Uruguay, Paraguay y Argentina, pero muy posiblemente también de China y Rusia, y de mucha gente que lo respetaba en todo el mundo. Haber garantizado la independencia de su país le permitió hablar con firmeza, de igual a igual, en el escenario mundial.
El estilo de Chávez merece muchos comentarios. Hay una anécdota que sin duda ha de ser apócrifa, pero que a pesar de todo describe muy bien el espíritu de este luchador a la vez pintoresco y profundo, arrebatado y travieso, desafiante y desconcertante. Se decía que una vez, en una de tantas cumbres de gobernantes, esas cumbres de las que él mismo dijo, con un epigrama inolvidable, que “los gobiernos van de cumbre en cumbre y los pueblos de abismo en abismo”, Chávez se encontró con la reina Isabel de Inglaterra y corrió a darle un abrazo. La anécdota añade que los guardias de la reina se interpusieron enseguida, informándole a Chávez que el protocolo inglés no permitía que nadie abrazara a la reina, y que Chávez contestó con una sonrisa: “Sí, pero el protocolo venezolano exige que abracemos a nuestros amigos”. La anécdota, como digo, ha de ser apócrifa, pero el hecho que ilustra es profundo. Lo que quiere decir, en una sociedad hondamente marcada por la supremacía de las metrópolis y por la etiqueta de las potencias, es que en nuestro tiempo un rey y un presidente son poderes exactamente iguales, que el protocolo inglés no puede ser más respetable que el venezolano.
En esa fábula imaginaria está más profundamente expresada que en ninguna otra parte la verdadera importancia de un hombre como Hugo Chávez para la historia latinoamericana: en un continente acostumbrado a sentirse subalterno, a ser un invitado de segunda en el banquete de las naciones, un hombre les recordó a todos que había pasado el tiempo de la supremacía y de las supersticiones de superioridad; que si había llegado el tiempo de la democracia y de la República es porque había llegado el tiempo de los pueblos, y que en el mundo moderno, como lo quiere todo el arte contemporáneo, como lo anuncian la literatura y la pintura desde los tiempos de Shakespeare y de Velázquez, un rey y un campesino tienen la misma dignidad metafísica y estética, un hijo de los llanos de Barinas y una hija de los castillos de Windsor tienen la misma dignidad y el mismo valor, y si son aceptados por sus pueblos como representantes y voceros, no pueden presumir de ningún tipo de jerarquía.
Por fuera de la anécdota, eso fue lo que hizo Chávez a lo largo de todo su gobierno, y a lo mejor a lo largo de toda su vida, y con ello no les dio una lección sólo a los gobiernos de América Latina, sino a cada uno de los ciudadanos de este continente. Como lo había enseñado Bolívar y lo olvidaron sus sucesores, ya estamos en igualdad de condiciones con todos los ciudadanos del mundo, pasó la edad de las diademas, una banda presidencial y una corona son el mismo símbolo, salvo por la diferencia metafísica de que la corona representa el poder de la tradición y la banda el poder del presente: a la corona la sostienen millones de fantasmas y a la banda la tejen millones de voluntades vivientes.
Pero qué gran país es Venezuela; qué alto sentido de respeto por los conciudadanos el de un país que aun en medio de las más borrascosas diferencias de opinión no se hunde en la violencia sectaria y en el baño de sangre que ha caracterizado cíclicamente a algunos de sus vecinos. Venezuela vive hace quince años, no en la polarización, como afirman algunos, sino en la apasionada politización que caracteriza los momentos de grandes transformaciones históricas. Chávez y sus hombres aceptaron llamar revolución al proceso emprendido, pero hay que conceder que el siglo XX dejó la palabra revolución, por generosa, legítima o inevitable que fuera, cargada de bombas y de sangre, de horrores civiles y tragedias imborrables, y en cambio la revolución de Chávez ha consistido en unas decisiones económicas y en unas movilizaciones políticas: no en fusilamientos, ni proscripciones, ni censuras.
Es esto tal vez lo que le da al proceso liderado por Hugo Chávez su magnitud histórica: nadie puede ignorar la importancia de lo que ocurre, nadie puede ignorar la enormidad de los problemas urgentes que ha enfrentado, la enormidad de las soluciones que ha intentado, y sin embargo se ha cumplido en un clima de paz, de respeto por la vida, en el marco de unas instituciones, y atendiendo a altos principios de humanidad y de dignidad.
Los opositores, que son muchos, lo negarán, como es su derecho, y la prensa de oposición en Venezuela, que es casi toda, afirmará que estos tres lustros han sido de persecución y de censura, como lo han dicho a los siete vientos con todos los recursos de la comunicación moderna en estos trece años. Pero los opositores no pueden negar la generosidad de propósitos de este proceso, así como el chavismo no puede negar la civilidad de sus adversarios, en un continente donde ha habido contrarrevoluciones más feroces y sanguinarias que las revoluciones a las que combatían.
Los millones de personas que lloran con el corazón afligido la muerte de su líder, la dimensión planetaria de esta muerte y la enormidad popular de este funeral confirman que estamos ante un hecho histórico de grandes dimensiones. La verdad se conoce: Venezuela es uno de los pocos países del mundo que se han permitido el lujo inesperado de emprender una transformación histórica con el menor costo posible de confrontación y de arbitrariedad.
Finalmente, Chávez bien podría haberle hecho un favor inmenso a la democracia, Chávez podría ser, en América Latina y a comienzos del siglo XXI, el hombre que refutó la teoría de que la violencia es el motor de la historia. Muchos habrán querido forzarlo a la violencia, muchos soñarán aún con intentarlo, pero cuando ya creíamos que era verdad que el Estado existe sólo para garantizar privilegios y para mantener lo establecido, alguien ha venido a demostrarnos que la democracia puede ser un instrumento de transformaciones reales, que abran horizontes de justicia para las sociedades.
Hugo Chávez, con su mirada sonriente de llanero y su sonrisa profunda de hombre del pueblo, bien podría haber hecho algo mucho más profundo y perdurable que inventar el socialismo del siglo XXI: es posible que haya inventado la democracia del siglo XXI.

William Ospina* Escritor, ensayista y columnista de El Espectador.
Fuente: http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/articulo-409274-chavez-una-revolucion-democratica

 ¡Chávez vive, la lucha sigue!

miércoles, 6 de marzo de 2013

lunes, 8 de octubre de 2012

Ha llegado la hora del respeto y la tolerancia

Publicado en Aporrea.org


Anoche mientras celebraba el triunfo de las elecciones presidenciales del Comandante Presidente Hugo Chávez, vía facebook.com y twitter.com, porque no podía lanzarme a la calle a celebrar, ya que  Nova es muy pequeña para esos bochinches, me vino la idea que es necesario difundir el mensaje de respeto y tolerancia.

Al colocar mis expresiones de alegría y entusiasmo como: “Alerta, alerta, alerta que camina, la espada de Bolívar por América Latinaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa”, o  “Se queda, se queda, el Comandante se quedaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa”, y  también “Y no se vaaaaaaaaaaa, y no se vaaaaaaaaaaaaaaaaaa, el Comandante no se vaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa jajjajajjajaj”, recibí el siguiente mensaje: 

“Fuck off!!!!! you can delete me now :)”, por parte de una persona proveniente de Puerto Cabello, estado Carabobo, Venezuela, y que hoy vive en los Estados Unidos y supongo que por eso fue que me escribió sus groserías  en inglés…  Mi respuesta: “Jjajjajaja perfecto tas borrao apátrida” y más adelante completé por si no sabía lo que significaba: “Aclaratoria: según la Real Academia Española la palabra Apátrida significa: ´Apátrida.1. adj. Dicho de una persona: Que carece de nacionalidad´... sin más comentarios cierro este capítulo”. 

Esto me hizo  desarrollar el siguiente discurso: “Aprovecho, a propósito de la petición de (fulano de tal), de borrarlo de mi lista de contactos, a todos los opositores al Comandante Chávez, ganador absoluto de estas elecciones presidenciales, que se manifiesten de una para borrarlos, no tengo problemas... viva la tolerancia, que viva el respeto, que viva la patria. Que Viva Chávez”.

Y más adelante reflexioné: “Respeto, tolerancia, paz, amor... la mayoría quiere profundizar el Socialismo Bolivariano... A los 6 millones de electores que no están de acuerdo les toca un trabajo importante, seguir haciendo oposición, sin insultos, sin trampas, sin maltratos, sino con crítica constructiva, con observación vigilante de las políticas públicas... estamos en democracia. Somos  7 millones y medio de venezolanos los que acabamos de decir que queremos a Chávez... que viva la Patria, que viva Venezuela”. 

Según boletín del CNE del día lunes 8 de octubre de 2012, 09:07:10 AM, Chávez obtuvo 7.963.061 de votos lo que representa el 55,00% de la expresión electoral. http://www.cne.gob.ve/resultado_presidencial_2012/r/1/reg_000000.html

Ahora yo le pregunto al amigo que me pidió ser excluido de los contactos del face, quién se tiene que ir para la m.... si casi 8 millones de personas hemos manifestado que queremos seguir con este proyecto de país, que queremos profundizar la Revolución Socialista Bolivariana, que queremos las Misiones, que queremos fortalecer la unión de América Latina y el Caribe, que queremos Salvar al Planeta como lo reza el punto 5to del plan de gobierno del Comandante, que rechazamos el paquetazo neoliberal y por consiguiente no queremos privatizar al país. 

Cuando vi las declaraciones del candidato de la oposición aceptando los resultados oficiales del Consejo Nacional Electoral, dije: “Gracias a Dios estamos llevando la fiesta en Paz, es mejor reconocer la derrota con dignidad por el bien del país... Viva Chávez”.

Hoy lunes 8 de octubre me desperté con mucho sueño pero con muchas ganas de trabajar. Tenemos que seguir adelante, aprendiendo a respetar y tolerar las decisiones de la mayoría democrática,  no con descalificaciones, expresiones fascistas y manipulaciones viscerales como las vi  ayer vía redes sociales, pienso que de  este lado también debemos aprender a escuchar las críticas, practicar el diálogo, defender nuestros puntos de vista con argumentos sustentados y respetar las diferencias, las diversidades, las posiciones distintas y desiguales.



Feedback:

Silvia Duno Agraz:  EXCELENTE!!


Luis Matos: 
posiblemente no viva en los Estados Unidos, sino en Miami…

y esa persona cree que vive en USA

pero allá, en la propia USA, no los aceptan sino, quizás, como obreros a destajo

Eduardo Matute: El problema Eliana, es cuando vemos los insultos cuando lo lanzan desde la acera de enfrente. Cuando es desde la nuestra, no. 

Karlucha 2003: Muy bueno, a mi varias personas me borraron del pin y todo y gracias a dios que fue asi, si alguien me borra por Chavista (no por fastidiosa ya que no soy de las que pasa cadenas ni nada de eso) es que estaba esperando lo mas mínimo para hacerlo y no es amistad mía de paso, lo que no suma resta. En consecuencia los saque del facebook y ya. Ellos no nos respetaron con sus constantes ataques y cadenas, pero nada mas ver que nosotros estamos alegres y celebrando (menos de 24 horas) y ya estan picados agresivos botando sapos y culebras y eliminandonos por dios, que falta de tolerancia.
Chavez hasta el 2000 siempre  



Silay:   Apreciada amiga, estoy de acuerdo contigo debemos volver a ser hermanos como antes, mas allá de nuestras preferencias políticas, yo tuve un incidente parecido, pues como sabrás no estoy de acuerdo con las políticas del actual gobierno, pero soy tolerante y en mi Facebook tengo de los dos bandos. Considero que hay q trabajar en unión y con respeto, ententendiendo y aceptando lis resultados y sin menospreciar a nadie. Como antes cuando habían adecos y copeyanos, como ahora cuando hay caraquistas, magallaneros.. Etc...
Yo también he tenido que borrar con dolor a ciertas amistades que no respetan mi posición...
Seguiré siendo critica pero siempre con respeto pues considero que vivo en un país democrático .
  
Tigres de Aragua Campeones Carmen Pacheco: FELICITACIONES, ME ENCANTÓ TU ESCRITO Y TU ACLARATORIA A ESAS PERSONAS QUE SIEMPRE SERÁN APÁTRIDAS. SALUDOS BOLIVARIANOS

¿Ha llegado la hora de la tolerancia? Oh, sí, claro que sí, hace unos catorce años que llegó. Más, si nos ponemos rigurosos, y nadie le paró lo suficiente como para que ese "entonces" no fuera este "ahora".
Alguna dinámica social estadísticamente definida es controlada hábilmente por expertos para mantener un estado de tensión permanente en la ciudadanía. Algo así sólo tiene sentido si su propósito es preservar viva la llama detonante de un conflicto para aprovecharla, cueste las vidas que cueste, en una oportunidad futura de toma del control sobre nuestro país, y por ende es parte del arsenal de quienes no quieren a nuestro país... aún los que nacieron en él.
Nuestra política comunicacional es víctima de esa manipulación, pues al rebatir las matrices mediáticas adversas al gobierno se convierte en alguna manera en caja de resonancia, generando actitudes reflejas del mismo mal en nuestras filas.
La lógica no parece ser suficiente para orientar la conducta colectiva. La verdad tampoco es el ingrediente mágico para convencer al pueblo. Ambas aseveraciones se comprueban en los resultados electorales del 7O: si algunos votan con las vísceras, cabe preguntarse con cuál de ellas resuelven el dilema de sus interacciones sociales.
El asunto requiere investigación. Buscar causas y antídotos para la discriminación (étnica, social, política, etc) que subyace en las conductas intolerantes puede producir la mejor herramienta para erradicar las reacciones ilógicas y autolesivas que suelen acompañar las confrontaciones políticas recientes entre venezolanos por parte de quienes compran la versión tropicalizada del sueño americano antes que la opción auténtica surgida de las raíces criollas.
No es poca cosa; creo no estar solo en mi anhelo por poder conversar con mis vecinos del este de Caracas sobre temas políticos sin tener que estar pendiente de respuestas pavlovianas ante la mera mención de, digamos, el fonema "Chávez". Quitar ese escollo puede ser el camino a una ciudadanía que reclame más y mejor información, una población concientizada que no se deje arrastrar a una polarización simplista promovida desde el exterior y que elija siempre optar por posiciones nacionalistas e integracionalistas de soberanía popular antes que por los modelos fantasiosos y ajenos elaborados entre Hollywood y el Pentágono.
Franco Munini.

#¡Paz en Venezuela, Venezuela en Paz!