lunes, 27 de octubre de 2008

Me encanta Playa Blanca

Sé que cualquier porteño cuando me lea dirá: “¡Qué le pasa a Eliana, ésa es la peor playa. ¡Cómo va a ser!. Na´guará, ahí lo que hay es puro malandro”. Jajaajajajjajajja.

Para mi Playa Blanca es una playa hermosa, con un agua serena y calientica, con un paisaje espectacular. Es un espacio privilegiado porque está ubicada en el centro de la ciudad de Puerto Cabello, estado Carabobo, y da inicio al tradicional Paseo La Marina.

A lo largo de toda su costa se ubican los restaurantes típicos de playa, donde venden el sabroso pescado frito con ensalada rayada y tostón, cervezas y empanadas.

Al entrar a la playa se encuentran los pescadores con sus cavas, donde venden el pescado más fresco de la zona. Del lado izquierdo y más allá hay unos ranchos, que ciertamente afean un poco la cosa.

Pero del lado derecho comienzo a ver lugares que me traen tantos recuerdos en la calle Bolívar: el malecón y La Marina, donde se aparcan los yates y las lanchas, la mayoría son blanquísimos y brillan impresionantemente cuando les pega el sol.

Más allá se ve un paredón azul inmenso, es mi colegio, el Sagrado Corazón de Jesús-San José de Tarbes, donde pasé gratos momentos.

En la misma acera, en una esquina, resalta un majestuoso edificio colonial amarillo, es el Teatro Municipal de Puerto Cabello, construido a finales del siglo XIX, donde tantas veces tuve la oportunidad de bailar con el local Ballet Cascanueces, años más tarde volví con el grupo Pisorrojo de la Universidad Central de Venezuela.

A la orilla de la playa están instalados unos toldos desteñidos de tanto sol, atendidos por una viejita amable y cariñosa, quien el primer día que fui me dijo: “Mija, no te quedes aquí, cuando yo me vaya, tú también te vas, esto se pone peligroso”.

Durante una semana que estuve de vacaciones, fuimos casi todos los días a Playa Blanca, y de tanto verme la viejita se hizo mi amiga. Me contó que ellos, la gente que trabaja en la playa, siempre la limpiaban, que incluso en una época le entregaban a los turistas bolsas para depositar la basura. “Pero que va, la gente es muy cochina”, me dijo. Y es por ello que noté que algunos días estaba limpiecita y otros días no tanto.


A pesar de esos puntos en su contra, la basura y la inseguridad, a mi me encanta Playa Blanca. Aunque debo resaltar que en Puerto Cabello existen otras playas que pueden visitarse: Huequito, Quizandal, La Rosa, y la espectacular bahía de Patanemo.

En estos días que estuve en Puerto Cabello observé una fuerte campaña electoral, a propósito de las venideras elecciones. Ojalá los candidatos pudieran leer esta reseña, y establecieran dentro de su agenda política algunas medidas para incentivar más la cultura turística en la región, como mejorar la infraestructura de las zonas playeras, implementar mecanismos para garantizar la limpieza permanente de las playas, la instalación de módulos policiales y la reeducación de los usuarios, tanto de los visitantes como de los propios porteños.
En las gráficas: Nova y Carlos Rolando Quintero, mi hermano que acaba de llegar de Cuba y está haciendo prácticas de medicina en el Centro Diagnóstico Integral (CDI). En otra: Nova y yo.


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