domingo, 1 de junio de 2008

A petición del público

Yo he utilizado esta frase para obras de teatro o para conciertos que he promovido y que extienden sus temporadas “A petición del público”. Pero por escribir en este Blog nunca pensé que la fuese a utilizar.

A petición de algunos de mis lectores estoy aquí reflexionando porqué, según ellos, jajjajajaj, he dejado de escribir.

Y claro, como todos saben, aquí escribo lo que vivo, lo que veo, lo que pienso, lo que siento, y luego lo plasmo como dicen popularmente: “sin pelos en la lengua”.

Lo primero que se me ocurre es, de pana, agradecer por su reclamo, este llamado de atención que me ha movido profundamente. Sinceramente no me había dado cuenta que los estaba abandonando. Les ofrezco mis disculpas, en realidad ésa no ha sido mi intención.

Y segundo, me siento sorprendida y agradecida con ustedes, una vez más, por seguirme, por leer las pendejadas que escribo. No sabía que la ausencia de mis palabras le pudiera hacer falta a alguien.

Con ironía alguien me dijo: “Desde que estas el Facebook abandonaste el Blog”. Aclaro públicamente que no. Y en el artículo anterior lo dije. El Facebook es la maravilla tecnológica que apareció para reencontrarme con la gente que ha contribuido a construir mi historia.

Mientras que el blog es el espacio para descargarme, pa’encontrarme conmigo misma, y ustedes fungen como observadores de ese proceso reflexivo que vivo cuando escribo. Definitivamente son dos cosas distintas.

El factor tiempo puede ser. Tal vez el tiempo de relax que me brindaba el Blog ha sido usurpado por el Facebook. Y sabéis además que mi tiempo está full de actividades durante el día y la noche. Hoy como que hago más cosas, o estoy más cansada, no sé, jajajajajjajaja.

Pero es que para escribir, no hay un tiempo definido, y creo que lo he dicho otras veces. Dependo de una inspiración divina que se apodera de mi a cualquier hora, es una especie de pasión idílica entre la laptop y yo, jajjajajjajjajjaja.

Ha sido tan fuerte en algunos momentos, que por ejemplo si me llega un sábado, he tenido que llevarme la laptop a la lavandería, a lavar la ropa al tiempo que se lavan mis pensamientos. Y aprovecho para agradecerle públicamente a mis amigos Eduardo y Yajaira, los dueños de la lavandería, quienes con amabilidad y comprensión se encargan de mi ropa y me hacen un espacio en la mesa de doblar para que encarame mi máquina. Y es que esa bendita lavandería me da una sensación de paz y me transporta como a otro mundo. Puedo durar horas y horas escribiendo, y leyendo también, aún cuando mi ropa esté seca, doblada y guardada.

Entonces, me doy cuenta que esa inspiración la he ido perdiendo últimamente. No sé sinceramente a qué se deba. Ojo, yo no he dejado de vivir, jajjajajjajaj.

Tal vez el tiempo no me alcanza, sinceramente la frase: “no tengo tiempo” no me gusta. El tiempo siempre tiene que alcanzarme para todo, siempre que exista una buena planificación. Pero reconozco que la semana pasada no le hice caso a mi agenda. Estuve viviendo con el automático puesto, apelando a mi memoria, por lo cual dejé de hacer varias cosas porque las olvidé.

Tampoco es responsabilidad del estrés. Porque éste último forma parte de mí cotidianidad, como lo he dicho anteriormente. Y mas bien, el hecho de escribir me ayuda a relajarme, a drenar esos pensamientos incómodos que me estresan, si es el caso.

Probablemente no he conseguido nada que me emocione. Nada que me alegre o que me entristezca, nada que llame mi atención, o que me arreche, qué se yo.

Pero el hecho de que mis lectores me hayan reclamado porque no he escrito más, es suficiente motivo, es una señal de alarma, para ponerme a pensar sobre qué coño está pasando conmigo.

¡Muchas gracias!
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